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FERNANDO MARTÍNEZ SANABRIA por: Andrés Orrantia Herrera |
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El próximo 26 de diciembre se cumplen diez años de la muerte de Fernando Martínez Sanabria. Sirvan estas líneas como un temprano homenaje a la memoria de quien fue - en mi concepto - el arquitecto más destacado del pasado siglo en Colombia. Y para que el calificativo de "más destacado" no sea un lugar común y un recurso retórico, voy a intentar explicar el porqué considero a Martínez la figura paradigmática - por excelencia - del siglo que recién termina. Su producción arquitectónica, recogida por Fernando Montenegro y Carlos Niño en el primer libro de su género en nuestro medio ( ), demuestra la extraordinaria capacidad de Martínez como innovador en el campo de la arquitectura. Desde sus casas "Santodomingo", de clara influencia corbusiana, hasta sus últimas propuestas como el proyecto para la Biblioteca Nacional Pahlavi en Teherán, Martínez sorprendía por la novedad de sus planteamientos, novedad no siempre comprendida, ya que la mayoría de sus anteproyectos presentados a concurso fue distinguida con un honroso segundo o tercer puesto. Cualquier observador desprevenido que analice el libro mencionado: Trabajos de Arquitectura, podrá comprobar el acierto de mi afirmación. A propósito del libro, desde su mismo título habla de la personalidad de Fernando Martínez, quien se negó a calificarlo como la "Obra de..." por considerar el encabezamiento demasiado presuntuoso. Esta anotación saca la discusión del campo profesional y traslada el homenaje al terreno de la persona, aspecto mucho más trascendente y quizá poco tratado en las biografías que se han escrito sobre este gran arquitecto. En Martínez confluyen una serie de especiales circunstancias que modelaron su carácter y la extraordinaria personalidad que siempre lo distinguió. Su padre, Fernando Martínez Dorrién, fue figura destacada del último gobierno democrático que tuvo España, antes de la noche tenebrosa que representó para la historia de ese país, los cuarenta años de dictadura franquista. Invitado por el presidente Eduardo Santos, Martínez Dorrién llega a Colombia con una serie de compatriotas hombres de izquierda y republicanos convencidos y se instala en Bogotá, en una amplia casona sobre la Avenida Caracas. A la sazón, Martínez hijo tenía menos de veinte años y ya su educación estaba claramente marcada por la influencia familiar y por una infancia vivida con gran intensidad en la Francia de posguerra. Bachiller del Gimnasio Moderno, se gradúa en 1947 de arquitecto en la Universidad Nacional, dónde y desde ese momento, dictará clases en el área del taller de composición arquitectónica. Fiel a sus convicciones, Martínez como Guillermo Bermúdez su compañero de cátedra y quizá su amigo más cercano nunca aceptaron ni puestos, ni distinciones de otros centros docentes y los dos, por más de cuatro décadas, transmitieron desde allí, a una multidud de estudiantes, no sólo la instrucción propia de la arquitectura, sino una actitud ética del cómo tiene que ejercerse esta profesión. Es este aspecto de Martínez el que es realmente fascinante y todos los que tuvieron la fortuna de ser sus discípulos pueden aseverarlo. Martínez entendía que enseñar, y en enseñar arquitectura en particular, no podía circunscribirse a un discurso centrado únicamente en la praxis profesional de una sola disciplina. Por eso, hizo ver a sus alumnos, la indisoluble conexión que hay entre la arquitectura y las demás artes, como máximas expresiones del ingenio del hombre. De allí su insistencia para que sus estudiantes se apropiaran de todo lo nuevo que la humanidad ha producido en los campos de la música, la danza, el teatro, el cine, la literatura, en síntesis, de la cultura de nuestro tiempo , y por supuesto de la historia que nos ha precedido. Así, una sesión de taller con el "Mono", como se le conocía en el ámbito de la academia, se animaba con discusiones que podrían ir desde los Cristos atormentados de Mathias Grünewald, hasta el refinado diseño de un Ferrari Testa Rossa. Hombre de una erudición sin pretensiones, Martínez era una autoridad en música, no en balde pianistas como el recientemente fallecido Frederick Gulda y guitarristas de prestigio internacional como John Williams, fueron sus invitados, con los cuales sostuvo una amistad que se prolongó por largos años. Pero no sólo era profundo en música; sus juicios con relación a la pintura, la escultura y demás expresiones de la plástica, fueron siempre precisos y terribles, pues el "Chuli", como le decían sus amigos, era un crítico sin compromisos o concesiones, actitud que hacía extensiva a todos los aspectos de su existencia. Para retornar al campo del ejercicio profesional y la influencia de Martínez en la producción de otros arquitectos, me referiré a tres proyectos que considero fundamentales: el Refugio Infantil de Sesquilé, la sucursal de la Caja Agraria en Barranquilla y el concurso para el Centro Turístico de Euro-Kursaal. |
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El primero de ellos, considerado por el propio Martínez como su proyecto más acertado, se localiza cerca del embalse de Tominé, al norte de Bogotá, en el municipio de Sesquilé. Construido en 1960, y hoy prácticamente abandonado, sirvió en su momento para albergar los niños desplazados por la violencia, en una historia circular que se repite cruel e incesantemente en Colombia. La arquitectura que propuso Martínez para los diferentes volúmenes que componen el Refugio, rompe claramente con los postulados corbusianos y busca formas de mayor complejidad, más cercanas a la obra del maestro alemán Hans Scharoun. La riqueza espacial, el manejo de la escala y la relación de la arquitectura con el paisaje circundante, hacen de este proyecto una de las obras mejor logradas en la producción de Martínez. |
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La sede para la Caja Agraria de Barranquilla, se localiza en el extremo norte del Paseo Bolívar, una de las principales arterias de esa ciudad, y constituye un ejemplo de cómo un edificio se inserta en un medio ya consolidado, reconstruyendo con su presencia el tejido urbano en proceso de deterioro. Además de esta clara conciencia de "hacer ciudad" con arquitectura puntual, el proyecto de Martínez resuelve hábilmente la contradicción planteada por las mejores vistas contra los soles más intensos. Mediante unos corta-soles de considerable tamaño, los ambientes internos se protegen de la acción directa del sol, pero conservan todas las visuales posibles sobre el Paseo Bolívar y sus inmediaciones. Claro ejemplo del uso de la estructura y de los recursos propios de la arquitectura, para resolver problemas de clima, y así mismo, lograr una fuerza expresiva de extraordinaria calidad en la piel del edificio. |
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Los dos proyectos descritos se realizan al comienzo de la década de los sesenta, junto con el anteproyecto para el concurso internacional del Centro Turístico Euro-Kursaal, localizado en San Sebastián, España. Esta propuesta es quizá la más revolucionaria en la producción de Martínez y un proyecto premonitorio de las Torres del Parque de Rogelio Salmona. El conjunto del Centro Turístico está compuesto por dos edificios articulados por una rótula y que se escalonan en búsqueda de las múltiples visuales que ofrece el sitio. La clara alusión al conjunto residencial de Romeo y Julieta, de Scharoun, se hace evidente en este proyecto, cuyo mérito se centra en la indagación alrededor de nuevas geometrías y en la descomposición en espiral de los volúmenes que conforman el cuerpo del edificio de menor altura. En esa ocasión, Martínez responde de diferente manera al entorno inmediato: una fachada de paramento continuo sobre la ciudad y una más libre, en forma de estrella, que se abre a la vista al mar. Como anécdota, recientemente se dio al servicio, en ese sitio, un conjunto diseñado por Rafael Moneo, que contiene algunos rasgos del planteamiento de Martínez, realizado en 1965. Las lecciones que se desprenden de los proyectos descritos dan lugar a reflexiones más extensas. Por ello, y como el mejor de los homenajes a su memoria, invito a los estudiosos del trabajo de este gran arquitecto - y a las nuevas promociones de todas las escuelas - a escudriñar con espíritu crítico las propuestas no realizadas y a recorrer su obra construida antes que sea demolida o distorsionada, como ya se ha hecho con varias de sus edificaciones. Andrés Orrantia Herrera. |