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Pintura Siempre
Juan Gustavo Cobo Borda
{Sic}, 2005
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Presentación
Cuando el maestro Fernando Botero incluyó un largo texto mío sobre su pintura en el catálogo de su reciente exposición en Venecia comprendí que por lo menos treinta años de entusiasta fervor por el arte no habían sido en vano. Por ello, el reunir ahora una heterogénea variedad de páginas sobre pintura y escultura, titulándolas 'Pintura siempre', sentía que al margen de cualquier mérito, ellas recalcaban, una y otra vez, la perdurable perennidad de la pintura y la férrea determinación de los artistas, desde Rembrandt hasta hoy, por otorgarle autonomía y hacer de ella diálogo que humaniza tanto a quien la realiza como a quien la contempla.
También, de modo casi insensible, el libro rendía homenaje y reconocimiento a un fecundo grupo de artistas mujeres, que enriquecieron nuestra visión, desde Débora Arango y Feliza Bursztyn hasta las nuevas generaciones que se afianzan hoy en día. La Fundación Santillana ha tenido el buen tino de seleccionar obras de esta docena de mujeres artistas, a quien acompañé en su momento con catálogos y presentaciones, y que hoy me certifican en una ya vieja y arraigada convicción la fuerza expresiva de la mujer, en el óleo o en el hierro, en el lápiz o la acuarela, para hacer que la materia trascienda en espíritu y que ese Eros devorador de formas que la gran filósofa española María Zambrano señaló como motor insaciable de una búsqueda que nunca termina, sigue modelando en espacios y colores, en barro y textura, la concreta dimensión de nuestros sueños.
El lugar donde compartimos la libertad de imaginar lo posible. Ese peregrinaje, a través de los sentidos, para que una ética y una estética se conjuguen, reflexivas y lúdicas, sobre este mundo, incomprensible sin el arte e inimaginable sin las mujeres artistas.
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Contenido |
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©Juan Gustavo Cobo
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